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martes, 14 de octubre de 2008

Rima del anciano marinero, Parte I (I - V)


Este post esta dedicado a amigo, que esta siempre, en las buenas y en las malas, mi gran y mejor amigo Pablo, que anda conmigo este camino…. se que lo va a disfrutar mucho.
Se trata del poema de S.T. Coleridge “Rima de un anciano marinero” con las ilustraciones de G. Doré, lo voy a subir en dos partes porque es bastante largo y un poco incomodo de editar en el blog. Así que aquí les dejo la primer parte que abarca desde la parte I hasta la V. Disfrútenlo.



ARGUMENTO


Cómo una nave que habiendo cruzado la Línea fue arrastrada por las
Tormentas al País helado que está hacia el Polo Sur; y cómo desde ese
lugar siguió rumbo hacia las Latitudes tropicales del Gran Océano
Pacífico; y de las cosas extrañas que ocurrieron; y de qué forma el
Antiguo Marinero regresó a su País.


I
Es un anciano Marinero,
y detuvo a uno de los tres:
«Por tu barba gris y tus ojos que relucen,
dime, ¿por qué causa me detienes?

Las puertas del Novio están de par en par abiertas
y yo soy pariente suyo;
los Invitados ya se han reunido, la Fiesta está lista,—
oír puedes la alegría del estruendo.»

Mas aún retiene al invitado a la boda—
«Había una Nave,» le dice aquél—
«No, si contarme quieres alguna historia divertida,
¡Marinero! ven conmigo.»

Le retiene con su mano descarnada,
dice aquél: «había una Nave...»
«¡Márchate ya de aquí tú pelmazo de la barba gris!
Que en otro caso habrás de tropezar con mi Cayado.»

Le contempla con sus ojos brillantes—
el invitado a la boda hubo de quedarse quieto
y escucha como un niño de tres años;
el Marinero consiguió lo que quería.

El invitado a la boda se sentó sobre una piedra,
salvo oír nada podía:
y así siguió hablando aquel anciano,
aquel Marinero de ojos relucientes.

«A la Nave se le puso el aparejo, dejamos el Puerto—
con cuánta alegría pasamos
bajo la Iglesia, bajo el Monte,
bajo el promontorio del Faro.

Por que causa me detienes?


El invitado a la boda se sento sobre una piedra


«El Sol surgió del lado izquierdo,
del mismo Mar surgió:
y brilló con fuerza, y por la derecha
se sumergió en el Mar.

«Más y más alto cada día,
hasta que sobre el mástil, a mediodía—»
el invitado a la boda en este punto se dio un golpe en el pecho,
porque había oído el estruendo del fagot.

La Novia entrado había en el Pórtico,
roja va como una rosa;
inclinando las cabezas avanzan ante ella
los Músicos alegres.

El invitado a la boda se dio un golpe en el pecho,
mas salvo oír nada podía:
y así siguió hablando aquel Anciano,
el Marinero de ojos relucientes.

«¡Escucha, Desconocido! Tempestad y Viento,
¡Un fuerte Viento y una Tempestad!
Durante días y semanas sometiéndonos a su capricho
como Paja íbamos arrastrados.

Roja va como una rosa.

un fuerte viento y una tempestad.


«¡Escucha, Desconocido! Bruma y Nieve,
Un frío asombroso nos envolvía:
Hielo de la altura del mástil llegaba flotando
verde como Esmeralda.

«Y a través de las corrientes las cumbres nevadas
enviaban sus lúgubres brillos;
ni formas humanas ni de bestias conocimos—
por todas partes estaba el Hielo.

«Hielo a un lado, Hielo al otro,
Hielo por todas partes:
crujía y gruñía, y rugía y aullaba—
como en los sonidos de un desmayo.—

«Al cabo por allí cruzó un Albatros,
a través de la Niebla vino;
y como si fuera el Alma de un Cristiano,
le saludamos invocando el nombre de Dios.

«Los Marineros le dieron galleta llena de gusanos,
y volaba dando vueltas y vueltas:
el Hielo se quebraba con el ruido de un Trueno;
el Timonel nos guió a través de aquellas aguas.



Hielo a un lado, hielo al otro, hielo por todas partes

un frrio asombroso nos envolvia


al cabo por alli cruzo un albatros


«Y un buen viento del sur comenzó a soplar de popa,
el Albatros nos seguía;
y cada día, fuera por querer comida, fuera por juego,
¡acudía al oír la llamada del Marino!

«Entre la bruma y las nubes, sobre el mástil o los lienzos
se posó durante nueve vísperas,
mientras durante toda la noche a través de la blancura de la niebla
relucía la blancura de la luz de la luna.»

«¡Qué Dios te guarde, anciano Marinero!
De los demonios que de ese modo te atormentan—
¿Por qué tienes ese aspecto?» ...«con mi ballesta
maté al Albatros.»


II
«El Sol surgió del lado izquierdo,
del mismo Mar surgió;
y ancho como un gallardete en las jarcias a babor
se sumergió en el Mar.


Con mi ballesta amte al albatros


«Y el buen viento del sur seguía soplando de popa,
más no había Pájaro tranquilo que siguiese
¡ningún día en pos de alimento o bien por juego
acudía al oír la llamada del Marino!

«Y yo había cometido una acción demoníaca
que no habría de traer sino desdichas:
pues para decirlo todo, había dado muerte al Ave
que hacía que la Brisa soplara.

«Ni tenue, ni rojo, como la cabeza misma de Dios,
el Sol glorioso se elevó:
entonces todos declararon que yo había matado al Ave
que había traído a la niebla y a la bruma.
Que bien estaba, dijeron, a tales pájaros matar
que traen niebla y bruma.

«Soplaron las brisas, se agitaba la blanca espuma,
libre seguía el surco:
éramos los primeros que por vez primera irrumpíamos
en aquel Mar silencioso.

Y yo había cometido una acción demoníaca


Al cabo se detuvo la brisa, las Velas se destensaron,
fue cosa tan triste como triste pueda ser
y hablábamos por romper tan sólo
el silencio del Mar.

«Rotundo en un cielo caluroso y cobrizo
el sol sangriento al mediodía
se alzaba justo sobre el mástil,
sin ser más grande que la luna.

«Día tras día, un día tras otro,
nos quedamos quietos, ni soplo ni movimiento,
tan quietos como un Barco en un dibujo
en un Océano dibujado.

«Agua, agua, por todos lados,
y todas nuestras planchas encogían;
agua, agua, por todos lados
y ni una sola gota que beber.

«Hasta las mismas profundidades se pudrían: ¡Ay Cristo!
¡Que todo esto llegase a acontecer!
Pues sí, cosas viscosas con patas se arrastraban
por el Mar viscoso.
«Alrededor, alrededor, con empeño

agua agua por todos lados

«Alrededor, alrededor, con empeño y desorden
los fuegos de la Muerte danzaban por la noche;
el agua, semejante a los ungüentos de una bruja,
ardía de verde y de azul y de blanco.

«Y algunos en sueños fueron advertidos
acerca del Espíritu que así nos atormentaba:
a nueve brazas de profundidad nos había seguido
desde la Tierra de la Bruma y la Nieve.

«Y cada lengua por la total falta de agua
se había agostado desde la raíz;
no podíamos hablar mejor que si
estuviésemos atragantados con hollín.

«¡Ay, qué gran desdicha! qué miradas malignas
recibí de viejos y de jóvenes;
en lugar de la Cruz al Albatros
colgaron de mi cuello.»


III

«Vi algo en el Cielo
que no era mayor que mi puño;
al principio parecía una mota pequeña
y luego se fue convirtiendo en una figura nebulosa:
se movía y se movía, y al fin tomó
una forma concreta, bien la conocía.

los fuegos de la muerte danzaban por la noche

a nueve brazas de profundidad nos habia seguido desde la tierra de la bruma y la nieve


«¡Una mota, una figura nebulosa, una forma, bien conocida!
y seguía acercándose,
y acercándose; y, si acaso anunciaba algún cúmulo de aguas,
se sumergió, y viró, y cambió de rumbo.

«Con la garganta reseca, con los labios negros y abrasados
no podíamos reírnos, ni quejarnos:
entonces, mientras por sed todos mudos permanecían
me mordí el brazo y me chupé la sangre
y di la voz: ¡Vela a la vista! ¡Vela a la vista!

«Con la garganta reseca, con los labios negros y abrasados
con la boca abierta me oyeron gritar:
¡A Dios gracias! de júbilo pudieron sonreír
y todos a un tiempo el aliento contuvieron
mientras todos aplacaban su sed.

«No se bamboleaba de un lado a otro—
para hacernos allí trabajar tranquilamente
sin viento, sin corrientes,
se queda con la quilla bien derecha.

y di la voz: Vela a la vista! Vela a la vista!


«Las olas de poniente estaban en llamas por completo,
¡el día ya casi había acabado!
Casi en lo alto del oleaje de poniente
se detenía el Sol ancho y luminoso
cuando de pronto aquella forma extraña se interpuso
entre nosotros y el Sol.

«Y de pronto el Sol se empañó detrás de unos barrotes
(Que la madre celestial se apiade de nosotros)
como si tras las rejas de un calabozo nos mirase
con un rostro ancho y ardiente.

«¡Ay! (pensé yo, y mi corazón latió con fuerza)
¡Cuán deprisa se acerca y se aproxima!
¡Son esas sus Velas, las que miran hacia el Sol
como telarañas incansables?

«¡Son estas sus costillas desnudas, que empañaron
al sol que tras ellas nos miraba?
¿Y son estos dos toda, toda su tripulación,
esa mujer y su descarnado Compañero?

«Sus huesos eran negros, llenos de grietas,
todos desnudos y negros, de tal opinión era;
de azabache y mondos, salvo allí donde carcomidos
por los mohos de la humedad, y la costra del osario
se cubrían de parches de púrpura y de verde.

«Sus labios son rojos, despejada su mirada,
sus bucles amarillos como el oro:
su piel blanca como la lepra,
y mucho más se parece a la Muerte que su acompañante;
helado al aire calmo vuelven sus carnes.

El desnudo Casco se acercó a nuestro costado
y la Pareja aquella jugaba a los dados;
«¡El Juego ha terminado! ¡He ganado, he ganado!»
dice ella, dando tres silbidos.

«Un soplo de viento se levanta a popa
y silba entre sus huesos;
por los huecos de sus ojos y por el hueco de su boca
silba a medias y a medias gime.

«Sin un solo susurro del Mar
Allá se aleja deprisa la espectral Nave;
mientras surgen por encima de las rejas del Oriente
los cuernos de la Luna, con una Estrella reluciente
casi entre sus puntas.


el juego ha terminado: he ganado! he ganao !

«Uno tras otro bajo los cuernos de la Luna
(¡Escúchame, oh desconocido!)
todos volvieron sus caras con una mueca de dolor agudo
y me maldijeron con su mirada.

«Cuatro veces cincuenta hombres con vida,
sin un solo suspiro, sin una sola queja,
dando un gran golpe, como una masa sin vida
fueron cayendo uno tras otro.

«Sus almas se escaparon de sus cuerpos,—
volaron hacia la bienaventuranza o la perdición
y cada una de las almas pasó a mi lado,
como el zumbido de mi Ballesta.»


IV
«¡Te tengo miedo, anciano Marinero!
Me da miedo tu mano descarnada;
Y además eres larguirucho, y flaco, y muy tostado
como lo es la ondulada arena del Mar.

y me maldijeron con su mirada


«Te temo a ti y a tus ojos relucientes
y a tu mano descarnada tan oscura—»
«¡No temas, no temas, invitado de la boda!
Que no cayó sin vida este cuerpo.

«Solo, solo, en verdad completamente solo
solo en la ancha inmensidad del Mar;
y Cristo no habría de tener compasión
de mi alma en agonía.

«¡Tantos hombres tan hermosos,
y todos ellos yacían muertos!
Y un millón de millones de cosas repugnantes
seguían vivas—como yo.

«Miré hacia el Mar putrefacto,
y al instante retiré los ojos;
miré hacia la cubierta fantasma,
y allí yacían los muertos.

«Miré al Cielo, e intenté rezar;
mas en cuanto había terminado una oración,
un susurro maligno me alcanzaba y me volvía
el corazón tan seco como el polvo.


y cristo no habria de tener compasion de mi alma en agonia

mire hacia el marputrefacto


«Cerré los párpados y los mantuve bien cerrados,
hasta que los globos de los ojos me latían intensamente;
porque el cielo y el mar, y el mar y el cielo
sobre mis ojos cansados pesaban como una carga insoportable,
y los muertos estaban a mis pies.

«El sudor frío se fundía en sus cuerpos:
ni se descomponían, ni apestaban;
la mirada con la que me contemplaban,
nunca jamás se me ha olvidado.

«La maldición de un huérfano al Infierno arrastraría
a un espíritu de lo alto:
Mas, ¡ah!, ¡más terrible es que todo eso
la maldición de los ojos de un muerto!
Durante siete días y siete noches contemplé aquella maldición,
y a pesar de ello morir no pude.

«La Luna inquieta caminaba por el cielo
y en ningún lugar se detenía:
con calma iba ascendiendo
con una estrella o dos al lado.

y a pesar de ello morir no pude

la luna inquieta caminaba por el cielo y en ningun lugar se detenia


«Sus rayos imitaban el sofoco de las aguas,
como escarcha matutina se extendían;
mas allí donde se extendían la sombra enorme del barco,
las aguas encantadas siempre ardían
con un rojo tranquilo y terrible.

«Más allá de la sombra del navío
contemplaba las serpientes de las aguas:
se movían dejando estelas de blanco resplandor;
y cuando se erguían, la luz encantada
se convertía en copos canos.

«Dentro de la sombra del navío
contemplaba su atavío tan suntuoso:
azules, de un verde brillante, y de negro terciopelo
se enroscaban y nadaban, y cada estela
era un relámpago de fuego dorado.

«¡Ah felices criaturas vivientes! no hay lengua
que declarar pueda su belleza:
¡un torrente de amor brotó de mi corazón,
y las bendije sin haberme dado cuenta!
De seguro que mi santo patrón se apiadó de mí,
y las bendije sin haberme dado cuenta.

contemplaba las serpientes de agua

«En aquel preciso instante fui capaz de rezar;
y de mi cuello entonces liberado
se desplomó el Albatros, y se hundió
como plomo en el mar.»

domingo, 12 de octubre de 2008

La Cancion Mas Hermosa Del Mundo


Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso,

un colegio de pago, un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla,
una bici diabética, un cúmulo, un cirro, un strato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,

mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.

Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera,
una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera,
no sabía que la primavera duraba un segundo,
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.

Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera,
a mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante,
a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante,

al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha,
mariposas que cazan en sueños los niños con granos
cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos.

Me libré de los tontos por ciento, del cuento del bisnes,
dando clases en una academia de cantos de cisne,
con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario,
¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?

Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera,
si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron de un clochard moribundo,
olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.

Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar, del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar cuando valga la pena,
de la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos,
de la gota de tinta en el himno de los iracundos.

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.


J. Sabina

Los Cantos de Maldoror


Hay que dejarse crecer las uñas durante quince días. ¡ Oh, qué dulzura entonces arrancar brutalmente de su lecho a un niño que aún no tiene nada so­bre su labio superior, y, con los ojos muy abiertos, ha­cer el simulacro de pasar suavemente la mano por la frente, inclinando hacia atrás sus hermosos cabellos! Después, súbitamente, en el momento en que menos lo esperá, hundir las largas uñas en su tierno pecho, de manera que no muera, pues si muriera no podría­mos contar más tarde con el aspecto de sus miserias. A continuación se le bebe la sangre lamiendo las heri­das, y durante ese tiempo, que debería durar tanto co­mo la eternidad, el niño llora. Nada hay tan bueno co­mo su sangre, extraída como acabo de decir, y aún muy caliente, a no ser sus lágrimas, amargas como la sal. Hombre, ¿nunca has probado tu sangre cuando al azar te has cortado un dedo? Está muy buena, ¿no es cier­to?, pues no tiene ningún sabor. Además, ¿no recuer­das el día en que, en medio de tus lúbricas reflexiones, llevaste la mano en forma de hueco sobre tu rostro en­fermizo humedecido por lo que resbalaba de tus ojos, mano que se dirigía luego fatalmente hacia la boca que bebía a largos tragos en esa copa, trémula como los dientes del alumno que mira de reojo a aquel que na­ció para oprimirlo, las lágrimas? Las lágrimas están bue­nas, ¿no es cierto?, pues tienen el sabor del vinagre. Se diría las lágrimas de aquella que ama mucho; pero las lágrimas del niño son mejores para el paladar. El niño no traiciona nunca, no conoce todavía el mal: aquella que ama mucho traiciona antes o después... lo adivino por analogía, aunque ignoro qué es la amis­tad o qué es el amor (y es probable que nunca lo acepte, al menos de parte de la raza humana). Por lo tan­to, y puesto que tu sangre y tus lágrimas no te disgus­tan, aliméntate, aliméntate con confianza de las lágri­mas y de la sangre del adolescente. Véndale los ojos mientras desgarras su carne palpitante, y, después de haber oído durante largas horas sus gritos sublimes, semejantes a los profundos estertores que en una ba­talla lanzan las gargantas de los heridos agonizantes, habiéndote apartado como una avalancha, te precipi­tarás desde la habitación vecina y harás el simulacro de ir en su ayuda. Le desatarás las manos de nervios y venas hinchadas, devolverás la vista a sus ojos extra­viados, y te pondras a lamer sus lágrimas y su sangre. ¡ Qué verdadero es entonces el arrepentimiento! La chis­pa divina que existe entre nosotros, y que tan raramente se manifiesta, aparece entonces, aunque ¡ demasiado tarde! Cómo se derrama el corazón cuando puede con­solar al inocente a quien se le ha causado daño: «Ado­lescente que acabas de sufrir crueles dolores, ¿quién ha podido cometer contigo un crimen que no sé cómo calificar? ¡Desgraciado de ti! ¡Cómo debes sufrir! Si tu madre lo supiera, ella no estaría más cerca de la muerte, tan aborrecida por los culpables, de lo que yo estoy ahora. ¡Ay! ¿Qué es entonces el bien y el mal? ¿Es la misma cosa, por medio de la cual testimonia­mos con rabia nuestra impotencia y la pasión de alcan­zar el infinito, incluso por los medios más insensatos? ¿O bien son dos cosas diferentes? Sí... es mejor que sean una misma cosa... pues, sino, ¿en qué me con­vertiría el día del Juicio Final? Adolescente, perdóna­me: el que se halla ante tu rostro noble y sagrado es el que ha roto tus huesos y desgarrado tu carne, que cuelga de diferentes lugares de tu cuerpo. ¿Es un deli­rio de mi razón enferma, un instinto secreto que no de­pende de mis razonamientos, semejante al del águila que desgarra a su presa, lo que me ha empujado a cometer este crimen, y que, sin embargo, me hace sufrir tanto como a mi víctima? Adolescente, perdóname. Cuando hayamos abandonado esta vida pasajera, quie­ro que estemos abrazados por toda la eternidad, que formemos un solo ser, mi boca unida a tu boca. Inclu­so de este modo mi castigo no será completo. Enton­ces tú me desgarrarás, sin detenerte nunca, con tus dien­tes y tus uñas a la vez. Adornaré mi cuerpo con guir­naldas perfumadas para este holocausto expiatorio y los dos sufriremos ~, yo por ser desgarrado, tú por desgarrarme... con mi boca unida a tu boca. ¡Oh ado­lescente de cabellos rubios y ojos tan dulces!, ¿harás ahora lo que te aconseje? Aunque te pese, quiero que lo hagas, y mi conciencia volverá a ser feliz.» Después de haber hablado así, habrás hecho daño a un ser hu­mano, pero habrás sido amado por el mismo ser: es la mayor felicidad que pueda concebirse. Más tarde po­drás internarlo en un hospital, pues el tullido no po­drá ganarse la vida. Te llamarán bueno, y las coronas de laurel y las medallas de oro esparcidas sobre la gran tumba ocultarán tus pies desnudos al rostro anciano. ¡Oh tú, cuyo nombre no quiero escribir en esta página que consagra la santidad del crimen, se que tu perdón fue inmenso cómo el universo! ¡Pero yo existo todavía!



Lautreamont
Un link interesante

domingo, 5 de octubre de 2008

Pasión


Cuando Orfeo tañe la lira plateada
llora un muerto en el jardín de la tarde,
¿quién eres tú que yaces bajo los altos árboles?
Murmura su lamento el cañaveral en otoño.
El estanque azul
se pierde bajo el verdor de los árboles
siguiendo la sombra de la hermana;
oscuro amor de una estirpe salvaje,
que huye del día en sus ruedas de oro.
Noche serena.

Bajo sombríos abetos
mezclaron su sangre dos lobos
petrificados en un abrazo;
murió la nube sobre el sendero dorado,
paciencia y silencio de la infancia.

Aparece el tierno cadáver
junto al estanque de Tritón
adormecido en sus cabellos de jacinto.
¡Que al fin se quiebre la fría cabeza!

Pues siempre prosigue un animal azul,
acechante en la penumbra de los árboles,
vigilando estos negros caminos,
conmovido por su música nocturna,
por su dulce delirio;
o por el oscuro éxtasis
que vibra sus cadencias
a los helados pies de la penitente
en la ciudad de piedra.


G. Trakl

martes, 30 de septiembre de 2008

Presentación


¡Solo loco! ¡Solo poeta!

Cuando la luz se va desvaneciendo
cuando ya el consuelo del rocío
se filtra en la tierra
invisible, inaudible
-pues delicado calzado lleva
el consolador rocío, como todo dulce consuelo-
entonces recuerdas, recuerdas tu, ardiente corazón
cuan sediento estuviste
de celestiales lagrimas y gotas de rocío,
abrasado, cansado, sediento,
mientras en sendas de amarilla hierba
malignas miradas del sol crepuscular
por entre negros árboles en torno a ti corrían,
deslumbrantes, malintencionadas, abrasadoras miradas del sol.

“¿Tú el pretendiente de la verdad?" -así se mofaban-.
­¡no! ­sólo un poeta!
un animal astuto, saqueador, rastrero,
que ha de mentir,
que premeditadamente, intencionadamente,
ha de mentir
multicolor larvado,
larva el mismo,
presa el mismo,
¿es eso el pretendiente de la verdad?...

­Sólo loco! ­Sólo poeta!
Solo un multicolor parloteo
multicolor parloteo de larvas de loco
trepando por mendaces puentes de palabras
sobre un arco iris de mentiras
entre falsos cielos
deslizándose y divagando.
¡sólo loco! ¡sólo poeta!

¿Es eso el pretendiente de la verdad?

No inmóvil, rígido, liso, frío,
convertido en estatua,
pilar de dios;
no erigido ante templos
atalaya de dios:
­¡no! Hostil eres a tales modelos de virtud,
mas recogido estas en el desierto que en los templos,
audaz como los gatos
saltas por todas las ventanas
y en toda ocasión
husmeas la selva virgen
tu que por selvas vírgenes
entre fieras de coloreados pelajes
pecadoramente sano y bello y multicolor corrías,
con lascivos belfos,
feliz con el escarnio, feliz en el infierno, feliz y sanguinario,
ladrón furtivo, mentiroso corrías...

O semejante al águila
que fija su mirada largo tiempo en los abismos
en sus abismos...
-­oh, girar como ella
hacia abajo, hacia el fondo, hacia adentro,
hacia cada vez mas profundas profundidades!

Y entonces
de repente
vuelo vertical
trazo precipitado
caer sobre corderos
hacia abajo, voraz,
ávido de corderos,
odiando toda alma de corderos,
odiando rabiosamente todo lo que parezca
virtuoso, borreguil, de rizada lana,
necio, satisfecho con leche de oveja...

Así, aguileñas, leopardinas,
son las añoranzas del poeta,
son tus añoranzas entre miles de larvas,
¡tú, loco!, ¡tú, poeta!

Tú que al hombre consideras
tanto dios como oveja
al dios desgarrar en el hombre
como a la oveja en el hombre
y desgarrando reír
En esto consiste tu felicidad!

felicidad leopardina y aguileña
felicidad de loco y de poeta!"

Cuando la luz se va desvaneciendo
y la hoz de la luna
ya se desliza verde y envidiosa
entre rojos purpúreos
-enemiga del día
y sigilosamente a cada paso
las guirnaldas de rosas
siega, hasta que se hunden
pálidas en la noche:

así caí yo mismo alguna vez
desde mi desvarío de verdad
desde mis añoranzas de día
cansado del día, enfermo de luz
caí hacia abajo, hacia la noche, hacia las sombras,
abrasado y sediento
de una verdad.

¿recuerdas aun, recuerdas tu, ardiente corazón,
que sediento estuviste?
¡sea yo desterrado
de toda verdad!
¡Sólo loco! ¡Sólo poeta!

Friedrich Nietzsche